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Constelaciones Familiares

La amistad entre marido y mujer

 


El ser humano, hombre y mujer, tiende natural e inexorablemente a la búsqueda de una vida sana y satisfactoria, que sólo es posible en la acto de relacionarnos unos con otros.  La necesidad de establecer relaciones  basadas en el amor, el respeto, la reciprocidad y la dedicación, generan el encuentro entre el hombre y la mujer, como representación de la unidad universal entre las personas. 

 

El afecto entre marido y mujer, es un efecto evidente y directo de la naturaleza, que se impulsa mas allá de la procreación, hacia la acción de compartir la vida hacia el interior y hacia el exterior de la relación que conforman.

 

Marido y mujer, ponen en la misma mesa sus virtudes y cualidades y se complementan mutuamente, generando espacios agradables y a la vez, productivos, para la vida.  Gracias a estos espacios podemos determinar la presencia de una virtud básica en la relación: la amistad. Un impulso hacia la complacencia del uno con el otro, una fuerza del deseo del bien del otro, que para ser sano, deberá ser recíproco.  Es una puesta en común, que permite la unión en el aquí y el ahora, más allá de lo superficial y temporal del bienestar, de la salud, de la prosperidad, de la calma.  Es jugarse todo, en nombre del amor-amistad, que se pone de manifiesto en la atención al otro, en el conocimiento profundo de ese otro ser que reconozco y trato con justicia y equidad, con tolerancia y empatía.

 

Es seguro que los mismos aspectos, valores y virtudes han de estar presentes entre los amigos; sin embargo, la convivencia que hace especial a la relación entre marido y mujer, es el gran desafío del amor-amistad. Es el gran desafío que tenemos las personas, para expresar nuestra capacidad de amar, crear y trascender, de generar bienestar, más sobre todo, bien ser, calidad de vida, momentos de alegría y aprendizaje compartido, más allá de los limites de la relación entre dos. 

 

El amor-amistad tiene otra fundamental manifestación: la ternura, que nos lleva al nivel más elocuente de ser personas: no exigir nada al otro.  Es la expresión más sencilla de la condición humana, no requiere sacrificio sino ser capaz de sentirla simplemente; es en sí misma, el "acto lleno de amor y calidez, de tomarse al otro en serio, de respetarlo y hacerlo feliz", como dice Fromm.  Es lo que nos recuerda  los aspectos comunes de la existencia, no las diferencias. Ser amigos en pareja, es asumir la ternura, la libertad de vivir, de dar y recibir, de impulsar la vida y la identidad propia y la del otro ser.

 

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